Las crisis nos desafían e interpelan a reflexionar críticamente, repensando nuevas formas de adaptarnos y empatizar con la dinámica del cambio.

El decreto de aislamiento por la Pandemia del Coronavirus ha puesto en escena nuevamente el debate de receptar y promover el trabajo fuera de establecimiento a través de la modalidad de teletrabajo; cuestión que desde hace ya tiempo venimos trabajando en el marco de la modernización de la ley de contrato de trabajo 20.744.

Muchas empresas se han visto obligadas a generar formas de teletrabajo sin experiencia y sin herramientas, buscando continuar el normal desenvolvimiento de sus empleados y actividades.

Sin embargo, apenas un 1.6% del total de empleados en el país, se estima que trabajaban bajo alguna modalidad de relación laboral a distancia, mediante la utilización de tecnologías de la información y comunicación (TIC), ajenos al domicilio del empleador.

A diferencia de los promedios mundiales más elevados, que alcanzan un 28-30% de trabajadores bajo esta modalidad, nuestro país tiene una reducida experiencia y un lento desarrollo de esta modalidad, en la cual se destaca la transversalidad y multidisciplinariedad de los trabajadores, la multiculturalidad y la posibilidad de flexibilizar la carga horario con las tareas domésticas.

A principio de este año, presenté un proyecto de ley modificatorio del régimen de contrato de trabajo, que contemplaba entre uno de sus puntos centrales la posibilidad de ampliar y promover el teletrabajo contemplando las crecientes necesidades de la vida familiar, como una forma de generar herramientas que posibiliten una distribución de las tareas o funciones domésticas y familiares, logrando así la conciliación de la vida familiar y laboral.

Esta propuesta hoy asume una vigencia superlativa, y nos desafía no solo a impulsar la modernización del marco normativo laboral de forma unilateral, sino generar un diálogo con los demás actores del sistema para poder lograrlo con éxito.

Esta decisión, que desde el congreso impulsamos requiere integrar un amplio espectro de actores que posibiliten que más empresas adopten esta forma de trabajo: empleadores, entidades sindicales, capacitadores, trabajadores pero sobre todo operadores a cargo de la infraestructura de conectividad quienes hoy más que nunca deben demostrar estar a la altura de un verdadero cambio tecnológico y cultural.